PELEA POR LA MEMORIA EN VOCES DE NIÑOS Y NIÑAS (Gonzalo Espino Relucé)

lunes, 26 de mayo de 2008 · Posted in


Nuestros abuelos nos han dicho es un libro de relatos de la memoria y la tradición oral. Las voces se suceden como ocurre cuando uno narra. Imaginamos a los seis niños y niñas como si estuvieran contándonos a nosotros y aunque no tenemos la posibilidad de narrar, nos sentimos el sexto que asiste a esas sesiones de relatos breves pero intensos, aunque ahora desde nuestra condición de oyentes-lector. Y tiene el registro de quienes llegan establecer relaciones recíprocas para que el acto de narrar fluya transparente y de quien sabe, con maestría traer al blanco y negro de hoja impresa la palabra del otro al tiempo que imita su situación oral. La condición de cuenta-cuentos y la especialización son dos ventajas que considero han estado en juego en este trabajo, pues se trata de dos notables investigadoras de la tradición oral, me refiero a Elizabeth Lino Cornejo y Kristel Best Urday.


Es una recopilación realizada en la comunidad Campesina San Antonio de Rancas, nos llega como un tejido donde se han puesto todos los hilos de los relatos que circulan en la comarca andina. Si esto es así, lo es también en relación a las percepciones cotidianas y la memoria social. Este tejido de narraciones orales andinas se puede apreciar a lo largo del libro. Desde el wakcha, de ese hombrecito pobre, definido como “granoso”, hasta el compadre zorro. Digo mejor “compadre” porque “Al zorro cuando se le dice ‘zorro’ se ofende, a él se le debe decir compadre. Decirle ‘zorro’ es una ofensa para él. No se sabe porque se ofende, eso es un misterio”. Sin olvidar la presencia actuante de las deidades andinas, huacas o jirkas e illas que dan suerte a los pobladores, aun sí es un fragmento, tal como se atestigua: “Mi illa era un cachito, lo encontré en un puquio”. Y por cierto, también, están los relatos sobre opa, el untu, las menciones a condenados y la presencia del gato como elementos de la fabulación andina.


En esta recopilación la muerte aparece como imagen de la cotidianidad y está relacionada con lo que hacen los parientes del difunto y lo que pudiera ocurrir con el muerto en su travesía ulterior. Por eso, los rituales que se tendrán que realizar con sumo cuidado, de manera que los relatos recuerdan cómo velar por tres días y luego hacer el “cinco días”; al tiempo de indicar la importancia de las zapatillas para el viaje que realiza el que muere (“Ellos corren a la gloria, su cadáver estará botado, pero su espíritu se va con toda la zapatilla, el que está con zapato no va a poder”); sin obviar que las almas retornan cada año; aunque “Los nuevos muertos no viene todavía tienen que estar al lado de Dios para probar si no reviven porque a veces se vuelven condenados”.


El libro, así mismo, registra noticias, intentos por conservar las formas del diálogo, registros cotidianos, tal como se puede apreciar cuando se habla del ganado, la caza (chaco), tanto de vicuña como de zorros, donde la conversa se sucede con instancias que exige la aclaración de los otros oyentes: “-La sal se les tira en el campo y ellos comen / - ¡Cómo se le va tirar! Se le amontona en llantas y ellos van lamiendo su sal”) o formas de la sabiduría cotidiana (“La mula no sabe echar cría”).


Con seguridad, Nuestros abuelos nos han dicho, tiene un elemento singular, aquello que con maestría saben recoger las investigadoras: la memoria del pueblo como memoria de las luchas sociales de la comunidad de Rancas. Cuestión que va más allá del mito como elemento de fabulación para ingresar a la historia oral. Es decir, a esa franja de la memoria que desde el poder del capital se quiere silenciar; por eso las recopiladores no dudan en poner en evidencia la persistencia de la memoria de la luchas en Rancas, al reproducir las tres canciones y la lucha de los comuneros (la masacre de 1960 en Huayllacancha). Solo así, la memoria se hace ternura y voz que se opone al silencio, para hablar, para que lo que sucedió no pertenezca al olvido, precisamente porque la comunidad de Rancas se puede preguntar, como creo que las voces de este libro lo hacen: “¿Acaso sabe con quien te estas metiendo?/ ¿Acaso saben con quién esta peleando?”


Pelea ahora desde la ternura, desde la voz de cinco niños y niñas que se han reunido para contarnos, para enseñarnos, para recordarnos, que la tradición oral continúa de generación en generación a pesar de las nuevas formas de la guerra civilizadora. Relatos que en su sencillez, brevedad y carácter fragmentario, muestran la riqueza cultural y nos invitan a conocer ese mundo de Rancas, pero esta vez desde el trabajo cauteloso y especializado y el tratamiento de una escritura que sabe el sentido del, de la, que cuenta, como memoria y como tradición oral.


Tulape, enero 2008.

2 Responses to “PELEA POR LA MEMORIA EN VOCES DE NIÑOS Y NIÑAS (Gonzalo Espino Relucé)”

anselmoromero dijo...

mi pueblo tambien se llama tulape , vaya coincidencia eh.

Elizabeth Lino dijo...

Feliz coincidencia, es posible que sea el mismo Tulape del autor de este artículo...saludos

Elizabeth Lino Cornejo. Con la tecnología de Blogger.